Teatro
Dramático
El teatro es una manifestación
artística, que tuvo origen hace cientos de años. Se cree que los primeros
hombres que lo realizaron fueron los griegos, aproximadamente en el siglo IV
antes de Cristo. De hecho la palabra teatro viene del griego Thestron, que
significa lugar donde se mira, y de la palabra drama, que también viene del
griego, y quiere decir acción.
Los griegos hacían representaciones
ligadas a su propia religión. Normalmente espectadores y actores se juntaban en
la orilla de los cerros. Los primeros se instalaban en las faldas, con el fin
de escuchar y ver la obra sin problemas.
De todas formas, los actores usaban
unos zapatos altos (una especie de zancos) para que se los pueda ver de lejos,
y hablaban utilizando unos conos, que aumentaban el volumen de su voz. Su
vestuario eran simples túnicas. También se ponían mascaras que representaban el
estado de ánimo del personaje. De ahí viene las conocidas mascaras de la
alegría y la tristeza, que son el símbolo del teatro.
Con el tiempo el teatro evolucionó.
El hombre construyó lugares especiales para las representaciones, más cómodos y
con mejores condiciones de luz y de acústica, y las obras comenzaron a
escribirse antes de realizarse en el escenario, como una manera de ordenar la
representación. Así es como surgió el género dramático.
En el mundo dramático, el ambiente se
encuentra determinado por el espacio y el tiempo. Cuando decimos ambiente, nos
referimos a la situación en la que se desarrolla la obra, al lugar físico y al
tiempo en el que se mueven los personajes.
El espacio refiere tanto al lugar
geográfico, como al lugar físico en el que se sitúa la obra. En las obras
dramáticas, la información sobre ellos se nos da mediante el leguaje acotado. Luego,
cada vez que comienza un cuadro nuevo, nos dirán cuáles son los elementos que
constituyen el espacio físico, es decir, si la acción transcurre en in patio,
en el interior de una iglesia, en un hospital, etc.
Los escenarios posibles son
muchísimos, y solo dependen de las necesidades de la obra.
Esto es particularmente importante
para el director, quien llevara a cabo la obra teatral, ya que a partir de los
antecedentes que se den en la obra, él podrá guiarse para hacer la puesta en
escena. Hay obras dramáticas que exigen más creatividad y capacidad interpretativa
del director en este aspecto. Por ejemplo: una obra que se sitúe en el
desierto, ¿cómo podrá él dar la impresión de desierto en un escenario?.
El tiempo que transcurre en el mundo
dramático puede considerarse desde dos puntos de vista. Por un lado, debemos
considerar el tiempo total en que se supone que se llevó a cabo el conflicto. Por
ejemplo, si una obra muestra la situación de una señora que pelea con su
marido, y esto ocurre desde hace años, esos años forman parte del tiempo total.
Esto, aunque no se nos haya mostrado qué ocurrió en ellos, sino que solo se nos
haya hablado de ese tiempo, aludiéndose a él. Por esto, este tiempo se llama
tiempo aludido.
Por otra parte, el tiempo se puede
considerar contando solo el tiempo ficticio que transcurre desde que comienza
la obra hasta que termina. Este puede ser uno o varios días, meses o incluso
años. Por ejemplo: el primer acto puede mostrarnos una época determinada, y el
segundo acto, que han pasado muchos años. A este tiempo, que es el que transcurre
en la obra al momento de leerla o de verla representada, lo llamamos tiempo
dramático. Por lo tanto, el tiempo total en una obra dramática incluye el
tiempo aludido y el tiempo dramático.
Es importante aclarar que, en las
obras dramáticas se produce lo anterior con el tiempo, debido a la finalidad de
las obras dramáticas, que es la de ser representadas.
Evidentemente, ningún dramaturgo
puede pretender que el público que este viendo la obra durante un día entero,
ni durante muchas horas. La duración de una obra dramática está limitada al
tiempo que demore en escena, una vez convertida en obra teatral. Esto suele ser
un lapso de dos horas, aproximadamente.
Por la misma razón, la obra debe ser
breve y compacta. Ello obliga a utilizar el tiempo aludido además del
dramático, en que los espectadores (y lectores) puedan enterarse de algunas
cosas que ocurrieron antes, con solo mencionarlas, sin que tengan que verlas (o
leerlas) personalmente.
Los personajes
Los personajes constituyen el segundo
elemento dentro del mundo dramático.
Al igual que las obras narrativas, en
las obras dramáticas existen personajes, seres creados por el dramaturgo, que
cobran vida en la ficción de la obra. Ellos dicen sus parlamentos y, a través
de sus palabras, nos ayudan a configurar la acción.
Recordemos que los personajes se
mueven, hacer gestos, llevan vestimenta, y los lectores nos enteramos de todo
esto mediante las acotaciones.
Es importante que señalar que estos
personajes, que existen en la obra dramática, son encarnados por actores al
momento de representar la obra y convertirla en una pieza teatral. Los actores
son personas reales, que pueden dar vida a distintos personajes, según las
obras que realicen.
En las obras dramáticas existen
varios tipos de personajes. Estos son:
·
El protagonista
·
El antagonista
·
Los personajes secundarios
·
Los personajes colectivos
·
Los personajes alegóricos
El protagonista
Es el personaje principal, el más importante. Es quien
representa a una de las fuerzas que normalmente existen en la obra dramática, y
que se encuentran en conflicto. Lo común es que el protagonista siempre trate
de buscar la solución del conflicto de buena manera. Es un personaje con el
cual el lector o el público se identifica; al leer o presenciar la obra se
¨solidariza¨ con él, se pone de su lado.
Es también un personaje importante y representa la otra fuerza
que lucha. El antagonista es, entonces, quien se opone al protagonista, está en
contra de que él logre sus fines.
Dicho de un modo familiar, el antagonista es el malo de la
historia. Él retrasa la solución del conflicto, y los lectores y espectadores
destinatarios de la obra, generalmente no están de su lado, no queremos que
triunfe. Parejas famosas de protagonistas y antagonistas son, por ejemplo, Batman
y el Guasón, el Correcaminos y el Coyote, etc.
Son aquellos que no representan una de las dos fuerzas en
conflicto, sino que se suman a una de las dos, dando su apoyo ya sea al
protagonista o al antagonista.
No hay que creer que por ser secundarios, esto personajes tiene
menos importancia dentro de la obra. Lo que sucede es que el conflicto no está
centrado en ellos, pero su acción es igualmente definitiva para el desenlace de
la obra y su presencia es esencial.
Personajes colectivos
Son un tipo de personaje que, a pesar de ser una sola persona,
representa a muchas otras; es como si fuera la encarnación de un grupo. Puede
ser, por ejemplo, un representante del pueblo, o de los súbditos del rey.
Personajes alegóricos
Constituyen la encarnación de aquellas cosas abstractas, que no
son personas. Evidentemente, estos son personajes simbólicos, a los que se les
dan las características de aquellas cosas a las que representan.
Esto ocurre en aquellas obras donde participan como personajes
La Primavera, por ejemplo, o La Muerte, representada como una mujer vestida de
negro, que aparece de pronto. En una famosa obra dramática llamada El Gran
Teatro del Mundo, intervienen varios de estos personajes, como el Mundo, quien
aparece en escena como si fuera una persona, que representa al universo entero.
Cuando estudiamos el género narrativo vinos que en las obras que
pertenecen a él, existía un mundo narrado. Lo mismo ocurre en las obras
dramáticas.
En ellas existe un mundo dramático; es una nueva realidad, un
mundo nuevo, ficticio, pero que parece real cuando nos aventuramos a leer una
obra dramática, y mucho más cuando podemos presenciar su representación
escénica, es decir, cuando la vemos convertida en obra teatral.
En este mundo nuevo, literario, existen tres elementos: la
acción, los personajes y el ambiente, determinado por el espacio y el tiempo.
Estos dos últimos ya los hemos desarrollado, por lo tanto desarrollaremos la
acción.
Constituye la parte más importante de la obra dramática. En el
mundo narrado no se habla de acción, sino de acontecimientos.
En el caso de la obra dramática, no hablamos de acontecimientos,
ya que ellos no constituyen lo esencial de la obra. No importa que ocurra, sino
el hecho de que está ocurriendo algo (lo que sea) y ese algo está ocurriendo en
ese preciso momento, que vuelve a ser presente cada vez que leemos una obra
dramática, o que vemos una obra teatral. En el caso de las obras dramáticas, no
hay nadie que cuente lo que está sucediendo; nos enteramos de ello a través de
las acciones de los distintos personajes.
Ahora bien, la acción, o trama de la obra, está siempre basada
en un conflicto, en una realidad problemática que angustia o perturba al
hombre, y que suele estar manifestada en dos fuerzas opositoras que luchan
entre si: el bien y el mal, la muerte y la vida, el amor y el odio, etc. Para
plantearnos este conflicto, la acción consta de lo que llamamos instancias
dramáticas.
Con este nombre se designa a los distintos momentos de la acción
que se nos presenta en una obra dramática.
Estos son, la mayor parte de las veces, claramente diferentes.
Son tres: la presentación, el de Esto no quiere decir que siempre las obras
dramáticas terminen con un final feliz, ya que un conflicto puede solucionarse,
por ejemplo, con la muerte del protagonista. El final puede ser bueno o malo,
triste o alegre, pero, en este momento, casi siempre el conflicto acaba por
despejarse. Existen algunas obras en las que el conflicto no se soluciona, pero
eso no es lo usual.
Normalmente, esta instancia dramática es más breve que las
anteriores, y suele coincidir con el tercer acto, en las obras que lo tienen.
Asimismo, hay obras en las que el clímax está en el tercer acto.
La obra dramática posee una estructura especial, es decir, está
constituida en forma particular y propia. Está dividida en actos, que
normalmente son tres y sirven para separar los momentos dentro de la historia.
Capítulos, cuadros y escenas
En cada acto se presenta una especie de capítulo distinto, que
muestra cómo se va desarrollando la historia.
Dentro de cada acto pueden encontrarse distintos cuadros. El
cuadro es una división que se genera cuando hay un cambio de escenografía,
cuando el lugar donde se desarrolla la acción es distinto. Si la acción
transcurre en el interior de una casa, y luego se muestra a los personajes en
el jardín, ha comenzado un nuevo cuadro.
Dentro de los actos también hay otras divisiones más pequeñas,
que son las escenas. Estas comienzan o terminan cuando un personaje nuevo entra
o sale del escenario. Es decir, si al comienzo de la acción (primera escena)
hay tres personajes y uno de ellos se retira, ahí es cuando comienza la segunda
escena. Lo mismo ocurrirá si en lugar de retirarse, entra el personaje.
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